lun

03

mar

2014

Perseverancia y resistencia psicológica en el escritor de talento

 

 

Resulta evidente que, para que un escritor alcance el éxito literario –es decir: la difusión masiva de su obra entre lectores expertos y diletantes, el reconocimiento de la relevancia de sus creaciones por parte de la sociedad–, es condición indispensable que el escritor en cuestión tenga un gran talento, entendido este como una equilibrada combinación de maestría en el dominio de los innumerables recursos literarios, de una visión de la sociedad y del ser humano profunda y divergente, de una férrea voluntad de renovación y originalidad. Parece, pues, que el escritor que reúne estas escasas e infrecuentes cualidades tiene el éxito literario asegurado. Sin embargo, el talento es condición indispensable pero no suficiente para lograr un éxito literario significativo.

 

No puede ser el talento un requisito suficiente en un entorno cultural que no tiene como prioridad la reivindicación y promoción de la excelencia. No puede serlo en un entorno editorial que no se esfuerza en seleccionar a los mejores porque, sencillamente, actuar de esa manera no beneficiaría los intereses comerciales que lo sostienen. En un contexto como este, por tanto, no será el talento el que redima al escritor de una vida convencional e insatisfactoria propiciada por el anonimato y la invisibilidad de su obra.

 

Analicemos cómo transcurre la vida personal y profesional de un escritor de talento: el sujeto invierte varios años de su vida en aprender y dominar el lenguaje y las técnicas literarias, hasta que alcanza la maestría necesaria; para lograrlo, lee muchos libros magistrales y escribe muchos textos no tan magistrales que suelen terminar en la papelera; por descontado, el sujeto suele realizar todo este aprendizaje por su cuenta, en soledad, sin ayuda externa, sin asesoramiento académico (pues nada sabe la academia de creatividad literaria), guiado únicamente por su instinto; el aprendizaje es de una elevadísima dificultad; pero su sobredotación intelectual le permite salir airoso y alcanzar la maestría, a pesar de las desfavorables condiciones. Así pues, el sujeto logra escribir una o varias obras valiosas tras años de esfuerzo y arduo aprendizaje (paralelamente, ha estudiado en la academia alguna carrera, o trabaja en una fábrica porque sus profesores no supieron darse cuenta de que era muy inteligente, o regenta un negocio, o trabaja como funcionario, o imparte clases, o ha formado una familia a la que tiene que atender, etc.). Una vez que el sujeto tiene en su escritorio una o varias obras valiosas, decide enviarlas a prestigiosas e influyentes editoriales, porque esas empresas culturales le permitirán ocupar en la sociedad el lugar que le corresponde, uno acorde a su talento y al descomunal esfuerzo que ha realizado. El sujeto, extremadamente inteligente pero ingenuo, que es plenamente consciente de la valía de su obra, confía en verla publicada en poco tiempo. Espera durante muchos meses una respuesta. La larga espera, insufrible, se tiñe de hipótesis, expectativas, pensamientos positivos y negativos, euforia, ansiedad, impaciencia… Y las respuestas llegan. Escuetas. Negativas. Injustificadas. El sujeto sufre entonces un gran desconcierto, siente un indescriptible vacío existencial. Si se recupera del varapalo, quizá decide enviar sus obras a premios literarios importantes. Supongamos que lo hace. Entonces espera durante meses. Y, llegado el momento, los premios los ganan otros; algunos de los ganadores no tienen talento; otros sí que lo tienen, pero resulta obvio que les han amañado el certamen, que no han tenido oposición, que el sujeto de este extenso párrafo realmente no ha participado en el concurso. Otro varapalo terrible. El sujeto pierde la ingenuidad. Si se recupera del golpe casi mortal, decide enviar sus obras a certámenes más modestos. Lo hace. Pero no gana ninguno. Nadie le explica por qué no ha ganado. Simplemente, no los gana. Pasan los años, y todas estas situaciones se repiten varias veces. A saber si el sujeto sigue cuerdo. Después de tantos agravios injustificados (porque el sujeto, no lo olvidemos, realmente tiene talento), lo agracian con uno o varios premios menores (o sigue perdiendo); las obras, pues, se publican; pero se encargan de hacerlo instituciones públicas y, por tanto, las obras no alcanzan una difusión satisfactoria; en realidad, el sujeto sigue en el anonimato. Pero, como ahora –después de tantos años de agonía– es un autor premiado, el sujeto confía en que las editoriales poderosas publiquen, ahora sí, sus nuevas obras. Así que las envía. Espera durante muchos meses. Y llegan las respuestas. Escuetas. Negativas. Injustificadas. Mientras todo lo narrado hasta ahora acontece, el sujeto, por supuesto, ha de enfrentarse al escrutinio y la valoración de sus allegados, en sus formas tácitas o explícitas. Para los demás, tanto si aman al sujeto como si lo repudian, la acumulación de fracasos y negativas equivale a ausencia de talento. Esta es la simplificación en la que incurren los allegados del sujeto. Y todos ellos se aseguran de comunicárselo al susodicho, cada uno a su manera. Y eso que el sujeto tiene un gran talento, aunque los hechos lo desmientan. Esta lamentable situación se prolonga durante muchos años: diez, quince, veinte. Un buen día, milagrosamente, el sujeto ve publicada una de sus obras en una editorial influyente. Y entonces puede encontrarse con otros problemas inesperados: quinientos ejemplares vendidos, un editor arrogante e intervencionista, críticos literarios mediocres, envidias, venganzas, etc.; y al mismo tiempo, quizá, dinero, reputación y muchos lectores (poco probable). En fin, vamos a dejar aquí esta lamentable narración.

 

Como se desprende del relato anterior, el escritor de talento está abocado, irremediablemente, a vivir durante muchos años en un infierno psicológico (y créanme si les digo que el párrafo anterior constituye una burda y torpe representación del verdadero infierno). La estabilidad psicológica del escritor se ve amenazada constantemente; miles de demonios se conjuran para demolerla.

 

Por tanto, el fruto del talento del escritor solo brotará al final del largo y pesaroso camino si el sujeto es un virtuoso de la regulación emocional; si es capaz de ajustar con precisión matemática su ingeniería emocional en cada momento, miles de ajustes para situaciones miles. En definitiva, el escritor que alcanza una posición relevante en la sociedad por mediación de una obra excelente, es siempre aquel cuya perseverancia y cuya resistencia psicológica son superiores a su talento literario.

 

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Comentarios: 8
  • #1

    maracaibo (miércoles, 05 marzo 2014 15:25)

    Hola juan! Tengo tres preguntas:
    1 La novela difìcil q estás escribiendo, ¿es difìcil de escribir o difìcil de leer, como las anteriores?
    2 Si no actualizas con tanta frecuencias ¿significa que una entrada cada dos meses es mucha frecuencia?
    3 Rechazas de las editoriales el envìo de libros. ¿Es que te han enviado tantos que ya no tienes dònde alojarlos?

    Un saludo campeòn!

  • #2

    JSC (miércoles, 05 marzo 2014 20:21)

    Hola, maracaibo:

    1. De momento, resulta muy difícil escribirla tal como la tengo concebida. La dificultad de la lectura, como con cualquier otra novela, dependerá del lector. Pero no se preocupe por la dificultad, sino por el hecho de que quizá tenga que esperar muchos años para poder leerla.

    2. Si estoy inspirado, lo normal sería que publicara una o dos entradas cada mes. Pero no hay reglas.

    3. No quiero compromisos de ningún tipo. Mi blog no es un espacio promocional del que las editoriales o los autores se puedan aprovechar. Es un espacio crítico independiente, sin presiones de ningún tipo. "Le he enviado mi libro y no ha publicado una reseña. ¿Por qué?".

    Espero haber resuelto sus dudas satisfactoriamente, señor o señora maracaibo.

    Saludos.

  • #3

    Marmasol (viernes, 07 marzo 2014 23:43)

    ¡Hola Juan!
    Gran artículo, ¡que ya tocaba!
    Muchísima suerte con tu novela, ya nos avisarás cuando la acabes, me la leeré sin duda.

  • #4

    JSC (sábado, 08 marzo 2014 18:16)

    Gracias, Marmasol.

    No voy a publicar mis novelas más recientes en el formato electrónico de JSC. Habrá que esperar a que las publique una editorial influyente. A saber cuándo. Terminé mi última y arriesgada novela en 2009, y sigue inédita...

    Supongo que habrá leído ya La otra vida.

    Saludos.

  • #5

    Táim (domingo, 09 marzo 2014 16:09)

    Es importante el reconociendo de los demás, pero no es esencial. Existen muchas personas con talento, pero pocas llegan a alcanzar la gloria. No se necesita sólo talento, también entran en juego otros factores.
    Como muy bien sabes a lo largo de la historia existen infinitos ejemplos de lo que tu describes en tu artículo. No te digo que debas quedarte quieto, pero tampoco que te desesperes, puede que el reconocimiento llegue o no, pero si realmente disfrutas escribiendo hazlo sin pensar en quien leerá tus obras.

  • #6

    JSC (domingo, 09 marzo 2014 23:32)

    Hola, Táim:

    La verdad es que el talento no abunda. Y la combinación de talento, perseverancia y coraje aún menos. Este artículo va dirigido a todos aquellos que ignoran cómo es la vida de un escritor.

    Para un escritor de talento, el reconocimiento internacional de la valía y relevancia de su obra es esencial. Toda su vida gira en torno a ese objetivo. Si no es así, ya no estamos hablando de un escritor de verdadero talento.

    No subestimemos el enorme ego y la implacable determinación del escritor de talento.

    Gracias por su comentario.

    Saludos.





  • #7

    Táim (lunes, 10 marzo 2014 14:48)

    Hola, Juan:
    es verdad yo no soy una persona con un gran talento y probablemente por esa razón no puedo entender que la vida de alguien gire en torno a un único objetivo: el reconocimiento internacional de la valía tal y como explicas. Si que reconozco que es importante que te valoren intelectualmente, pero también como persona.

    Espero que tengas mucha suerte y que ese reconocimiento que tanto deseas llegue pronto.

    Saludos muy cordiales,

  • #8

    JSC (lunes, 10 marzo 2014 18:44)

    La verdad, Táim, es que mi intención no era la de hablar sobre mí en este artículo. Si hubiese sido así, habría optado por la primera persona y habría explicado anécdotas personales.

    En este artículo se verá reflejado cualquier escritor de talento.

    Los ciudadanos están acostumbrados a conocer a los autores cuando ya han alcanzado un cierto éxito. Conocen la cara amable de la vocación literaria. Y no se pueden ni imaginar lo que hay detrás de la portada de un libro; detrás de los reportajes periodísticos dedicados al escritor. Un insondable infierno.

    El escritor de talento, por tanto, es una salamandra.

    Saludos.

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