La siguiente entrevista ha sido confeccionada con las preguntas enviadas por tres visitantes de esta web. Muchas gracias por vuestra colaboración.

 

PEDRO: La otra vida es una novela sobre un adolescente superdotado. ¿Cree que una persona con una alta dotación intelectual está más preparada para no tropezar dos veces con la misma piedra? ¿Cree, asimismo, que tiene más herramientas para defenderse o que, por el contrario, es más vulnerable que una persona de inteligencia media?

Respuesta: Indudablemente, un verdadero superdotado cuenta con más recursos que una persona de inteligencia media para resolver todo tipo de situaciones complejas, incluidas aquellas de las que depende la supervivencia social. No obstante, una persona superdotada es, por naturaleza, hipersensible, a veces hasta extremos que a la mayoría les resultarían absurdos. Esto implica que a un superdotado los estímulos del entorno le provoquen sentimientos y reacciones muy intensas, lo cual puede abocarlo, en ocasiones, a situaciones de riesgo o vulnerabilidad. Pero, insisto, una persona superdotada suele gestionar adecuadamente este tipo de situaciones. Al contrario de lo que se cree, los superdotados son individuos equilibrados y perfectamente adaptados. Eso no significa que no se encuentren con dificultades a lo largo de su vida, como todo el mundo. Marcos, el protagonista de mi novela, es un buen ejemplo de todo lo dicho.

 

ZAITOCHI: Me ha parecido que la primera aparición de Dora en la novela es una metáfora. ¿Estoy en lo cierto?

Respuesta: Efectivamente, hay diseminados en la novela diversos elementos simbólicos. Dichos elementos están interrelacionados, y producen efectos de significado que a primera vista no resultan evidentes. Solo un lector perspicaz detectará esos efectos y, por tanto, podrá disfrutar del entramado simbólico. En concreto, en esa primera aparición de Dora sobre las aguas está sintetizado el desenlace de la novela y buena parte de su enseñanza.

 

PEDRO: Cuando comenzó a escribir la novela, ¿ya había decidido cuál sería su desenlace?

Respuesta: Sí. Nunca comienzo a escribir un relato, sea cual sea su naturaleza, si no tengo clarísimo el desenlace. Hasta el momento, nunca he cambiado un desenlace que ya hubiera preparado.

 

ZAITOCHI: Las descripciones de su novela son realistas, completas, capaces de abstraerte por completo. ¿Son imaginadas o pertenecen a un mapa paisajístico real?

Respuesta: Esa es una pregunta que me resulta difícil responder. ¿Hasta qué punto se puede deslindar lo real de lo imaginario? No sé de dónde proceden las imágenes o los paisajes que describo. Simplemente, acuden a mi mente cuando estoy muy concentrado. Me resisto a buscarles un origen, pues, si lo hay, sin duda ya se ha perdido para siempre.

 

ZAITOCHI: ¿Cómo crea un filólogo como usted, acostumbrado a discursos muy retóricos, unos diálogos tan realistas y espontáneos?

Respuesta: Aunque tengo una especial predilección por los registros lingüísticos retóricos, incluso muy retóricos, no me he pasado la vida entre libros, bajo las luces ocres de una biblioteca. Me muevo en ambientes muy diversos y estoy siempre extremadamente atento al registro conversacional. Mi novela presenta dos registros lingüísticos bien diferenciados. En ambos he trabajado con esmero. Considero que este contraste lingüístico enriquece el texto.

 

ANA: Su novela me ha enganchado. Pero el lenguaje no me ha convencido: es demasiado retórico y un pelín anticuado.

Respuesta: El adjetivo anticuado no me gusta nada, pues posee connotaciones peyorativas. Es como si usted me dijera que hay modelos retóricos caducos, obsoletos, que un escritor del siglo XXI no puede reproducir. Eso, desde mi punto de vista, es inaceptable. La prosa de La otra vida, la que urde el narrador, es un homenaje explícito a la de En busca del tiempo perdido, obra que admiro profundamente. Un modelo retórico que, sin duda, debe perpetuarse. Por otra parte, si mi novela ha absorbido su atención será porque el lenguaje es eficiente, pues una novela solo puede producir sus efectos a través de su lenguaje.

 

ZAITOCHI: Sinceramente, me parece intuir que en La otra vida se puede encontrar la idea de “la maldad es inherente al ser humano”. ¿Es eso realmente lo que usted piensa?

Respuesta: Ante esta pregunta, debería morderme la lengua. Pero no lo voy a hacer: los humanos somos seres deleznables. Cuando nuestra especie desaparezca, el universo recuperará su armonía.

 

ZAITOCHI: En su novela hallamos profundas digresiones filosóficas. ¿Qué referencias filosóficas tiene presente cuando va a narrar?

Respuesta: Aunque la filosofía siempre me ha interesado mucho, no tengo una formación filosófica profunda (de vez en cuando, me sumerjo en la obra de algunos filósofos insignes). Lo que sí tengo es una mente filosófica. Y eso se nota en mis obras literarias. Desde hace unos tres años, estoy buceando en la fascinante obra de Jacques Derrida.

 

ZAITOCHI: A pesar de la indudable calidad literaria de su novela, me consta que no ha podido publicarla hasta seis años después de haberla escrito. ¿Cuáles cree que han sido las causas de tantas dificultades?

Respuesta: Es la novela de un autor novel. Las editoriales no leen los manuscritos que reciben espontáneamente. La mayoría de las veces, una editorial que solicita un manuscrito a un escritor novel termina rechazando su publicación, aunque el informe de lectura la recomiende. Los agentes literarios no suelen leer los manuscritos que reciben espontáneamente. Los agentes solo contratan obras que posean un perfil que esté de moda. Los agentes no pueden contratar a más escritores porque carecen de recursos para hacerlo. La mayoría de los premios literarios de este país están amañados o condicionados por la línea editorial del sello que lo convoca o respalda. La otra vida es una novela retórica que se aparta de las modas, “una novela ambiciosa, muy literaria, pero demasiado arriesgada para nosotros”, me dijo una pequeña pero valiosa editorial de Madrid, etc.

 

ZAITOCHI: Tras los problemas de edición que se han presentado a lo largo de todo el proceso, incluyendo los aparecidos una vez alcanzada la meta de la tan ansiada edición, ¿qué ha aprendido?

Respuesta: Que los escritores estamos rematadamente locos. Y que algunos editores son auténticos villanos.

 

ZAITOCHI: ¿Es fácil compaginar la enseñanza con la escritura?

Respuesta: Es muy difícil vivir como un funcionario cuando en realidad eres un artista.

 

ZAITOCHI: ¿Cuánto tiempo puede llevarle la escritura de una novela? ¿Cuántas veces puede llegar a reescribirla?

Respuesta: Los relatos se van gestando en mi mente durante años. Cuando llega el momento de materializarlos, no suelo tardar más de nueve meses si me dedico por completo a ellos; si se cruzan otras actividades, el proceso de redacción se prolonga mucho más. Una vez concluida una obra literaria, la reescribo y la corrijo varias veces. Soy un perfeccionista empedernido.

 

ZAITOCHI: ¿Futuros proyectos?

Respuesta: Acabo de terminar una novela experimental. Es lo mejor que he escrito hasta el momento. Tengo también una novela breve protagonizada por el Marcos de La otra vida y un libro de relatos fantásticos. Confío en que se publiquen algún día (aunque, desde luego, no las editará Brosquil Ediciones). En estos momentos, estoy escribiendo una novela juvenil.

 

ZAITOCHI: Para que sus lectores le conozcan un poco más si aún no han tenido la oportunidad: si fuera a estar un largo periodo de tiempo en una isla desierta, ¿qué se llevaría?

Respuesta: Sin duda, un completo equipo de pesca. Y así ya no necesitaría regresar a la civilización.

 

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