El adulto superdotado en la empresa

Perfil, características y personalidad del adulto superdotado (hombre).
Adulto superdotado (hombre)
Perfil, características y personalidad del adulto superdotado (mujer).
Adulto superdotado (mujer)

Son pocos los artículos divulgativos o los estudios académicos que versan sobre la personalidad del adulto superdotado, sus características, los problemas sociales que tiene que afrontar o el modo en que actúa en la sociedad. Así, la mayor parte de los esfuerzos analíticos e informativos se centran en los niños o adolescentes sobredotados, por razones tanto pedagógicas como comerciales. En definitiva, la comprensión y descripción de las altas capacidades de los adultos se encuentran bastante descuidadas. Por esta razón, abordaré en este artículo un asunto que considero de gran interés: tras las vivencias de la escuela primaria y la secundaria –sobre las que se ha escrito largo y tendido–, qué tipo de situaciones profesionales suele experimentar el adulto superdotado en la empresa, es decir, en su puesto de trabajo.

 

Para comprender las situaciones que, con frecuencia, se dan en el entorno laboral cuando uno o varios adultos superdotados forman parte de él, resulta imprescindible conocer, con anterioridad, cuáles son las características intelectuales y psicológicas que estos individuos comparten (el modo en que estas interactúan entre sí forma parte de la idiosincrasia de cada sujeto). Citaré, en el siguiente apartado, solo aquellas características del adulto superdotado que son más relevantes en su lugar de trabajo:

Perfil del adulto superdotado

–Tiene una memoria extensa y detallada, un nivel elevado de desarrollo del lenguaje y competencias de comunicación avanzadas.

 

–Gran sensibilidad: presenta sentimientos y reacciones intensos.

 

–Elevada capacidad empática.

 

–Persistencia en la tarea y concentración intensa.

 

–Prefiere la complejidad y las situaciones abiertas.

 

–Persigue la excelencia y es perfeccionista.

 

–Es un idealista empedernido.

 

–Extremadamente observador y perceptivo.

 

–Desafía las ideas y soluciones existentes realizando aportaciones originales. Tendencia a la improvisación.

 

–Critica de forma constructiva.

 

–Asume riesgos.

 

–Es muy proactivo.

 

–Tendencia al individualismo.

 

–Resiste la presión del grupo.

 

–Tolera la ambigüedad y se adapta bien a situaciones de desorden.

 

–Tendencia al esteticismo.

 

–Rebeldía frente a comportamientos autoritarios o injustos.

El adulto superdotado en el proceso de selección laboral

Supongamos que, en el momento de participar en un proceso de selección para acceder a un empleo, el adulto sobredotado es consciente de su condición. En ese caso, se enfrenta siempre a la siguiente disyuntiva: mencionar o no su sobredotación intelectual (en el currículo o en la entrevista); ocultar o no los indicios de su superdotación intelectual (tanto en la entrevista como en un eventual test psicométrico).

 

En países como Estados Unidos –muy interesados en la rentabilidad de los recursos humanos–, la disyuntiva anterior suele ser la excepción en lugar de la norma: el adulto superdotado tiene claro que debe consignar en el currículo su sobredotación como una ventaja competitiva. España, sin embargo, es de los países en los que esta opción no resulta conveniente, dado que aún no se han superado los prejuicios en torno al individuo de altas capacidades que calaron hondo en la sociedad como consecuencia de juicios erráticos o malintencionados, todo ese flujo de tópicos con un enorme poder estigmatizador, del que numerosos contenidos alojados en internet son una muestra representativa.

 

Así las cosas, en países como España, en la mayoría de casos, los adultos superdotados que han sido diagnosticados optan por ocultar su naturaleza en los procesos de selección laborales: en la entrevista de trabajo, no muestran su elevada sensibilidad ni su esteticismo, moderan su dominio del lenguaje, omiten su individualismo o directamente lo niegan y, por descontado, no dejan traslucir su inconformismo y actitud crítica; en un eventual test de inteligencia que la empresa les realice, se las ingenian para obtener una buena puntuación, pero no demasiado elevada.

 

En conclusión, para sortear la exclusión y la discriminación, el adulto superdotado se ve obligado a enmascarar su naturaleza. Negar la propia identidad para ser aceptado socialmente. Desde luego, no es un buen comienzo para una relación laboral. Pero, en la mayoría de ocasiones, es el único comienzo posible.

El adulto superdotado y el análisis del lugar de trabajo

La mayoría de personas, cuando comienzan a trabajar en una empresa, se muestran prudentes y se limitan a cumplir las instrucciones de sus superiores más cercanos, centrándose exclusivamente en las tareas asignadas al puesto que ocupan; en resumidas cuentas, no desbordan el contexto donde han sido situadas ni las funciones que les han asignado.

 

Pues bien, el comportamiento del trabajador superdotado, en estos casos, es muy distinto. Recordemos algunas de las características cognitivas y psicológicas que he enumerado anteriormente: muy observador, analítico, extremadamente perceptivo, fascinado por la complejidad, proactivo, arriscado… El entorno laboral se presenta ante el adulto superdotado como una compleja estructura que invita a la exploración. Así que, inevitablemente, este se lanza a la exploración y al análisis pormenorizado de todo lo que encuentra a su paso: analiza individualmente a todos los compañeros de trabajo con los que tiene trato directo (infiere, asimismo, cómo son otros compañeros más distantes a partir de la información que recopila de los primeros); deduce la red de relaciones personales existente: quién depende de quién, quién obedece a quién, quién no le cae bien a quién, quién ha tenido algún problema con quién, quién envidia a quién, quién respeta y admira a quién, quién flirtea con quién, etc.; recopila mucha información sobre las tareas que desempeñan sus compañeros y superiores jerárquicos, analizando tanto sus funciones como sus resultados; además de recopilar información sobre su propio departamento, es habitual que sus descubrimientos lo lleven, inexorablemente, a explorar territorios más lejanos y recónditos de la empresa, con el fin de profundizar en el conocimiento de la estructura, establecer nuevas conexiones y hallar nueva información relevante que pueda ser de utilidad para desempeñar sus propias tareas de la única manera que le parece admisible: con rigor y excelencia. Así pues, en poco tiempo el trabajador superdotado adquiere –por inducción-deducción– un conocimiento muy profundo de la empresa en la que trabaja; desde luego, uno más avanzado del que es estrictamente necesario para desempeñar sus tareas; uno incluso más profundo y detallado que el que poseen algunos de los empleados más veteranos de la empresa. Una vez obtenida esta información (el proceso de exploración, de hecho, es constante, jamás finaliza), lo que hace el trabajador superdotado es utilizarla estratégicamente, como digo, para mejorar su propio trabajo, el funcionamiento del departamento al que pertenece y, si es posible, el de toda la empresa (idealismo exacerbado).

El adulto superdotado y las relaciones interpersonales

¿Cuál es el tópico más nocivo y desatinado sobre las personas superdotadas? El de que, si bien presentan una capacidad intelectual muy superior a la media, tienen pocas habilidades sociales, lo que dificulta enormemente su adaptación a diferentes contextos (la escuela en la que estudian, la empresa en la que trabajan, la familia a la que pertenecen). Craso error el de quienes hayan interiorizado esta falacia.

 

Bien al contrario, los adultos superdotados –precisamente porque, a diferencia de los niños y adolescentes de altas capacidades, han completado el proceso de maduración cognitiva– poseen habilidades de comunicación interpersonal en un grado de desarrollo muy superior a la media y, además, una empatía muy sofisticada (una empatía cualitativamente diferente a la de la mayoría de personas con las que conviven a diario). De modo que, en su puesto de trabajo, el adulto superdotado sabe relacionarse adecuadamente y establece vínculos afectivos con facilidad. Como el idealismo y la empatía presiden sus actos, establece siempre una relación solidaria con sus compañeros y elude la competitividad.

 

Ahora bien, algunos comportamientos típicos del superdotado adulto pueden desembocar en conflictos interpersonales en su puesto de trabajo: enfrentamientos con sus compañeros o con sus superiores jerárquicos. La casuística es abundante. Expondré, pues, algunas de las situaciones más habituales:

 

a) El adulto superdotado detecta rápidamente los errores que se están produciendo en la empresa, en su departamento o en una tarea determinada; normalmente pone de manifiesto la existencia de esos errores o defectos públicamente (en reuniones, por ejemplo), aportando, simultáneamente, soluciones a los problemas detectados; la crítica, pues, es siempre constructiva. Inevitablemente, este comportamiento sitúa al adulto superdotado en el centro de atención de sus compañeros y jefes; unas personas se posicionarán a su lado, atraídas por su competencia profesional, su capacidad intelectual y su atrevimiento; otras, en cambio, se desmarcarán de sus opiniones y propuestas, a veces de manera irracional, mostrando, a su vez, diferentes formas de animadversión (y en diferente grado). Por lo general, la reacción del segundo grupo está motivada por el hecho de que el trabajador superdotado ha criticado un trabajo del que estas personas son, directa o indirectamente, responsables. Así, el adulto superdotado comienza a ser percibido por algunas personas como una amenaza.

 

b) Con relativa frecuencia, las propuestas profesionales del trabajador superdotado se revelan acertadas y su desempeño personal muy efectivo. Esto desata la envidia de algunos de sus compañeros de trabajo, incluso de algunos de los jefes intermedios, que, además, ven en el adulto superdotado a un temible competidor que puede desbancarlos de sus posiciones jerárquicas de privilegio en poco tiempo (no es este, no obstante, el fin que persigue el superdotado, sino la excelencia en la realización de la tarea y el perfeccionamiento del funcionamiento de la empresa, esto es, de la estructura, lo cual no significa que el trabajador superdotado no reivindique, llegado el momento, un ascenso en la jerarquía o una mejora de sus condiciones laborales si considera que su productividad debe ser así recompensada).

 

c) El adulto superdotado sabe trabajar en equipo. Pero, en esencia, es una persona individualista. Por tanto, para que se sienta cómodo al trabajar en equipo y renuncie, por tanto, a su individualismo, el equipo en sí ha de ser una estructura equilibrada, armoniosa: los compañeros han de ser muy competentes, así como el jefe de equipo; competentes y proactivos. De no ser así, el trabajador superdotado intentará liderar el equipo, aunque él no sea oficialmente el jefe, para garantizar que el resultado de la tarea alcanza la excelencia. Si, por razones diversas, no puede liderar el equipo y encauzar así la situación según su perspectiva, es probable que trabaje en paralelo, de forma individual, y presente la tarea antes de que el grupo la haya terminado; incluso, es posible que abandone el grupo y trabaje de forma individual (en el caso de que el jefe del equipo tenga un carácter débil y permisivo).

 

d) Al adulto superdotado, una vez que está inmerso en una actividad intelectual compleja, le gusta asumir riesgos e innovar, explorar nuevos horizontes. No se conforma, en suma, con los objetivos alcanzados, por muy buenos que sean. Esto, en demasiadas ocasiones, entra en conflicto con la propia dinámica de la empresa, comúnmente conservadora. Dicho de otro modo, lo que el trabajador superdotado necesita o desea personalmente no siempre es lo que necesita la empresa o desean sus directivos o jefes intermedios. Por consiguiente, colisionan dos fuerzas, la proactiva del superdotado y la represiva de la empresa a través de sus representantes más poderosos.

 

e) El adulto superdotado no tolera los comportamientos autoritarios o injustos que observa en su puesto de trabajo. De manera que siempre busca la mejor forma de atajarlos, aunque ello implique enfrentarse directamente a las personas que están desplegando actitudes reprobables. Por descontado, no duda en denunciar irregularidades que vulneren los derechos de las personas que forman parte de la empresa.

 

f) En ocasiones, el trabajador superdotado expresa sus ideas de forma entusiasta y vehemente; además, persevera hasta lograr demostrar que sus ideas son acertadas (si, en este proceso, se da cuenta de que no lo son, rectifica públicamente). Que continuamente esas ideas se revelen acertadas (después de que el ideólogo haya insistido en ellas de forma vehemente) no es del agrado de algunos compañeros de trabajo o jefes.

 

En conclusión, como apreciarán los lectores más suspicaces, los problemas en los que se puede ver envuelto el adulto superdotado en su puesto de trabajo no están íntimamente relacionados con un supuesto déficit de habilidades sociales por parte de este, sino más bien con el modo en que algunas personas de su entorno interpretan sus acciones, que se desmarcan de la norma, de lo común, de lo consensuado. Es esta malinterpretación la que provoca los conflictos. Todo se reduce, por tanto, a una incomprensión de ese otro que es sustancialmente diferente y subvierte el status quo; o, si lo prefieren, a una recíproca y consustancial incompatibilidad.

El moobing al adulto superdotado

El acoso laboral, lamentablemente, es un fenómeno más habitual de lo que se cree; se produce con mayor frecuencia en entornos laborales desorganizados, con líderes débiles o negligentes, en los que proliferan las órdenes contradictorias, los juegos de poder, las rivalidades y, en definitiva, en los que reina la arbitrariedad; se produce siempre en ausencia de protocolos de prevención de riesgos laborales (o debido a una aplicación inadecuada o tardía de dichos protocolos).

 

Ciertamente, cualquier tipo de persona puede ser víctima de mobbing en su puesto de trabajo, si bien son aquellos individuos que presentan diferencias significativas respecto a la media en su personalidad o comportamiento los que se encuentran, en lo referente al acoso moral, en una situación de riesgo más elevado. Así, la propia bibliografía especializada constata que, en numerosas ocasiones, las víctimas de acoso laboral son personas superdotadas. A estas alturas del artículo, resulta fácil deducir qué factores o situaciones laborales desencadenan el acoso.

 

Bien es sabido que los acosadores suelen cebarse con personas que tienen un carácter débil. No es este el caso, sin embargo, del adulto superdotado. Así pues, lo normal es que sea un grupo de personas bastante nutrido el que, de forma coordinada, acose al adulto superdotado en su puesto de trabajo (una combinación de compañeros y jefes intermedios, por ejemplo). Esto es así porque, sencillamente, una sola persona no tiene capacidad suficiente para someter a un adulto superdotado a un hostigamiento continuado. Desde luego, acosar a una persona en su puesto de trabajo es cobarde e inmoral. Pero acosar, en concreto, a un trabajador superdotado es, además, una auténtica temeridad, porque lo que se desencadena entonces es una batalla campal, una de proporciones épicas en las que el trabajador superdotado se sirve de todos sus recursos para garantizar su supervivencia y alcanzar un desenlace justo y ejemplarizante.

 

Dicho esto, el riesgo de que un superdotado adulto sea acosado en su puesto de trabajo solo es elevado en aquellas organizaciones laborales que, sintetizando, son tóxicas (en este sentido, no hay entorno laboral más tóxico para un adulto superdotado que el de la Administración Pública). Por el contrario, en las equilibradas, en las que hay líderes competentes y empáticos y una adecuada política de prevención de riesgos laborales, el adulto superdotado se convierte en un profesional muy apreciado, en una pieza clave de la productividad de la empresa.

¿Cuál es el trabajo ideal para un adulto superdotado?

Después de todo el camino recorrido, esta pregunta es sin duda pertinente e inevitable. Parece claro que, para los adultos de altas capacidades, resulta muy complicado encontrar un trabajo a su medida. Por eso cambian de empleo –incluso de profesión– varias veces a lo largo de su vida. Desde mi punto de vista, el trabajo ideal es aquel en que el adulto superdotado dirija la organización. Dicho de otro modo, lo que realmente necesita es trabajar por cuenta propia, al frente de su propia empresa. Es ese el corazón –palpitante– de su naturaleza. Algunos de estos individuos idealistas y observadores, paradójicamente, prestan poca atención a ese pálpito que nunca deja de palpitar; y, para cuando lo escuchan resonar con fuerza, ya es demasiado tarde. De ahí la necesidad de que se identifique y se nutra ese pálpito desde la adolescencia, cuando nunca es tarde.

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Comentarios: 1
  • #1

    Jorge (viernes, 29 noviembre 2019 17:43)

    Hola Juan,

    Que exposición más acertada, la verdad que no había leído ningún artículo que analice la situación de los adultos superdotados en el ámbito laboral y la verdad creo que no le sobra ni una coma.

    Enhorabuena

    Un superdotado recién salido del armario