Discriminación de la lengua castellana en el sistema educativo catalán (II)

 

 

Como era de esperar, el 12 de junio de 2012 el Tribunal Supremo declaró nulos los artículos 4.1, 4.3, 4.4 (primer inciso), 4.5, 10.1 y 14.3 del Decreto 181/2008, de 9 de septiembre, por el cual se establece la ordenación del segundo ciclo de la educación infantil.

 

Sintetizando, estos artículos han sido anulados porque impedían que el castellano fuera, junto al catalán, lengua vehicular en las escuelas de Cataluña. En éstas, regidas por la inmersión lingüística, el catalán es la lengua vehicular que lo permea todo y el castellano, en cambio, queda reducido a una asignatura periférica.

 

Esta sentencia del 12 de junio, precedida por otras de los tribunales Supremo y Constitucional, obliga al Departamento de Educación de la Generalidad de Cataluña a introducir modificaciones en su sistema lingüístico que garanticen que el castellano, lengua oficial de la comunidad autónoma de Cataluña, abandone su inaceptable situación de marginalidad en el sistema educativo catalán y, de este modo, dejen de producirse lamentables fenómenos de discriminación cuyos orígenes son, cómo no, ideológicos.

 

Como en ocasiones precedentes, el Departamento de Educación de la Generalidad ha expresado enfáticamente, por mediación de sus portavoces institucionales, que, a pesar de las sentencias de los máximos tribunales jurídicos españoles, no va a modificar ni un ápice el sistema de inmersión lingüística en lengua catalana, lo que constituye un alarmante caso de desacato y de desmoronamiento democrático (pueden consultar el comunicado oficial del Departamento de Educación catalán pulsando este enlace).

 

Los argumentos que justifican la insumisión –repetidos hasta la saciedad- son altamente demagógicos. Destaca el de que separar a los alumnos en una escuela o instituto en función de cuál sea su lengua materna tendría consecuencias muy negativas. Y, en efecto, una medida de ese tipo sería nefasta. Pero no es eso, ni mucho menos, lo que proponen las sucesivas sentencias del Tribunal Constitucional y del Supremo. El argumento de la separación de los alumnos por lengua materna se esgrime para dañar severamente, ante la opinión pública, a los tribunales españoles tildándolos de segregacionistas. Pero la realidad es bien distinta: los tribunales mencionados son la máxima expresión democrática de un país que conoce perfectamente la dimensión del infierno que hay más allá de los límites de la democracia; lo que proponen -es decir, exigen- estos tribunales es que se incorpore el castellano como lengua vehicular al sistema educativo catalán de la forma más adecuada. Nada más.

 

A mí se me ocurren varias medidas que salvarían a la lengua castellana de su marginalidad en el contexto educativo catalán y que liberaría a los profesores de castellano de la estigmatización que sufren en escuelas e institutos catalanes, donde, con demasiada frecuencia, son víctimas de amenazas, coacciones y sanciones ejemplarizantes (normalmente extraoficiales) cuando intentan defender los derechos de la lengua a la que representan y, por supuesto, los de sus alumnos:

 

1) Que un 30% de las asignaturas se impartan en castellano.

 

2) Que en los actos públicos de los centros escolares (por ejemplo, una fiesta de Carnaval) haya actividades en lengua castellana.

 

3) Que en algunas de las actividades extraescolares de los centros educativos se utilice, además del catalán, la lengua castellana (no tienen por qué ser exclusivamente las que organice el departamento de castellano).

 

4) Que, en el caso de que los centros educativos editen y difundan una publicación periódica, algunos de los contenidos estén en lengua castellana.

 

5) Que se imparta a los alumnos inmigrantes, desde el mismo momento en que se incorporen a los centros educativos, la asignatura de castellano en su modalidad L2 (español para extranjeros). En otras palabras, se trataría de incorporar, de forma eficiente, la lengua castellana al Plan Individualizado de los alumnos inmigrantes, monopolizado por el catalán.

 

Este último punto requiere una explicación más extensa: en la actualidad, en las escuelas e institutos catalanes no se imparte la lengua castellana a los alumnos inmigrantes o, en el mejor de los casos, no se imparte de la forma adecuada. Oficialmente, este segmento del alumnado SÍ recibe una formación adecuada en lengua castellana. Pero en la práctica no es así (hay eficientes mecanismos que se encargan de ocultar la verdad). Sirva como ejemplo mi propia experiencia, que se ha repetido en muchos institutos públicos de Cataluña:

 

En el último instituto en el que he trabajado (IES Poeta Maragall, de Barcelona), yo tenía asignados en todos mis grupos (de diferentes niveles) alumnos inmigrantes. Estos alumnos, a los que tenía que formar en lengua castellana y posteriormente evaluar, no asistían a mis clases porque, en su lugar, acudían al Aula de acogida. Les parecerá sorprendente, pero lo cierto es que en el Aula de acogida solo estudiaban lengua catalana, cultura catalana y, quizá, un poco de matemáticas. Pero, llegado el momento, como estaban matriculados en mi asignatura, yo tenía que calificarlos. Imposible, ¿verdad? La solución propuesta por la dirección del instituto por recomendación de los asesores lingüísticos del Departamento de Educación catalán: las profesoras del Aula de acogida, que en ningún momento habían impartido una asignatura de lengua castellana a sus alumnos inmigrantes, se encargarían de calificar el rendimiento de dichos alumnos en lengua castellana. Lo sé, es tan absurdo como negligente. Pero así fue.

 

Estos alumnos, cuando abandonan definitivamente el Aula de acogida, se incorporan a las aulas ordinarias de lengua castellana, en compañía de una multitud de alumnos autóctonos con conocimientos avanzados. El profesor de castellano, evidentemente, no puede atenderlos adecuadamente (pues no puede impartir dos niveles diferentes de la misma asignatura al mismo tiempo). Las consecuencias de este desbarajuste pedagógico son graves: un alto porcentaje de los alumnos inmigrantes no alcanzan las competencias básicas en lengua castellana al final de la ESO (aunque los diversos mecanismos de evaluación –manipulados- digan lo contrario). Después llegan al bachillerato y dejan en blanco los exámenes de lengua castellana, ya que son incapaces de escribir un texto de tres líneas en una de las lenguas oficiales de su comunidad autónoma.

 

Este tipo de situaciones aberrantes son las que promueven y encubren aquellos que, infatuados de soberbia, se empeñan en incumplir las sentencias judiciales emitidas por nuestros más sólidos pilares democráticos.

 

 

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Comentarios: 1
  • #1

    Jorge (miércoles, 19 diciembre 2012 20:27)

    Se puede decir más alto pero no más claro.

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