mié

23

ene

2013

Reseña de 'Karnaval'

 

Título: Karnaval

Autor: Juan Francisco Ferré

Editorial: Anagrama

Páginas: 536

Precio: 24.90 euros / 18.98 euros (ebook)

ISBN: 9788433997555

 

 

Juan Francisco Ferré –doctor en Filología Hispánica, escritor y crítico literario– ha publicado la antología El Quijote, instrucciones de uso (2005) y Mutantes (2007, en colaboración con Julio Ortega); el libro de estudios literarios Mímesis y simulacro. Ensayos sobre la realidad (del Marqués de Sade a David Foster Wallace) (2011); la colección de ficciones Metamorfosis® (2006); y las novelas La vuelta al mundo (2002), I love you Sade (2003), La fiesta del asno (2005), Providence (2009, Finalista del Premio Herralde de Novela) y Karnaval (2012, Premio Herralde de Novela), que es motivo de esta reseña.

 

La última novela de Juan Francisco Ferré –profusa en sus materiales narrativos, incluso hipertrófica– se organiza y desarrolla, sin embargo, en torno a un hecho argumental mínimo, pero de gran repercusión mediática: presuntamente, el director del FMI agrede sexualmente a una asistenta afroamericana en la habitación de un reputado hotel. Este es el conflicto inicial. A partir de esta circunstancia anecdótica –a la que se confiere una enorme relevancia epistemológica–, la escritura construye un texto especulativo que trata de dilucidar el comportamiento de los protagonistas durante el hecho crítico, así como sus causas y consecuencias en el contexto que lo ha propiciado, sometido a una parodia mordaz: una sociedad capitalista entretejida por inquebrantables valores económicos, controlada por tecnócratas sin escrúpulos; una realidad frágil e inestable, cuestionable, fluctuante, demoledora. Sintetizando: el gran tema de esta ambiciosa novela es el dominio.

 

La novela afronta esta problemática intelectual mediante una arriesgada estructura abierta (dicha opción estructural siempre es proclive a provocar desajustes narrativos que, quizá, es lo que le confiere su atractivo); así, los materiales narrativos de Karnaval, de gran diversidad, se acumulan sin presentar fuertes vínculos entre ellos, de modo que se podría variar el orden en el que se presentan, eliminar algunos o añadir otros sin afectar demasiado el significado y la eficacia del texto. Esto no significa que la novela no esté cohesionada. Antes bien, el texto logra una rara mezcla de coherencia, cohesión, caos y tumulto.

 

La estructura de la novela se divide en dos partes: por un lado, una sección conformada por las peripecias del dios K -apelativo insigne que recibe el dirigente del FMI–, sus testimonios (y el de su antagonista), sus escarceos y fantasías eróticas (muy prolijas), sus disquisiciones teóricas y las extensas y provocadoras epístolas que envía a personajes contemporáneos de relieve internacional (Obama, Bill Gates, Raitzinguer, etc.); por otro lado, un simulacro de documental cinematográfico –intercalado en la sección descrita anteriormente– en el que intelectuales contemporáneos (el escritor Philip Roth, la feminista y ensayista Judith Butler, el lingüista y activista político Noam Chomsky, entre otros muchos) reflexionan en primera persona sobre el incidente que inaugura el relato. Esta es, sin duda, la parte más brillante de la novela, su corazón palpitante: una magnífica exhibición de flexibilidad cognitiva por parte de Juan Francisco Ferré, que demuestra un dominio absoluto del perspectivismo y la polifonía.

 

Destaca una prosa que, sin entretenerse ni abundar en tropos, despliega una sintaxis compleja y fluida, de largos periodos; una prosa prolija y precisa en la que apenas se atisban errores o construcciones discutibles. Conviene hacer hincapié, además, en el tratamiento desrealizador que recibe buena parte de la materia narrativa, lo que concede al texto un carácter delirante –indudable seña de identidad– que, a su vez, refuerza algunas de las tesis del libro.

 

Lo único que se le puede objetar a la novela desde un punto de vista estrictamente literario es su excesiva promiscuidad narrativa, idéntica a la de su protagonista: son demasiados los materiales que la componen e, inevitablemente, no todos resultan ni pertinentes ni interesantes. De hecho, una vez superada la lectura de la sección del documental polifónico, la novela ya ha desplegado toda su potencia ideológica; de modo que el resto de capítulos se leen con cierta sensación de hartazgo. Asimismo, no nos han parecido demasiado convincentes las tesis expuestas en uno de los capítulos postreros: La nueva ciencia.

 

En definitiva, Karnaval es una novela notable, una cáustica y demoledora sátira de la sociedad posmoderna que, en nuestra opinión, habría necesitado una mayor contención, al servicio de la intensidad, para lograr la máxima excelencia literaria.

 

 

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