Reseña de 'Los nadadores'

 

Título: Los nadadores

Autor: Joaquín Pérez Azaústre

Editorial: Anagrama

Páginas: 248

Precio: 16.90 euros / 13 euros (ebook)

ISBN: 978-84-339-7242-2

 

 

Joaquín Pérez Azaústre (Córdoba, 1976), autor prolífico y versátil, ha publicado los poemarios Una interpretación (Rialp, 2001; Premio Adonais 2000), Delta (Visor Libros, 2004), El jersey rojo (Visor Libros, 2006; XVIII Premio Internacional de Poesía Loewe Creación Joven), El precio de una cena en Chez Mourice (Algaida, 2007; II Premio Vicente Presa), Las ollerías (Visor Libros, 2011; XXIII Premio Internacional de Poesía Loewe); los ensayos Reloj de sol (Diputación provincial de Córdoba, 2004), El corresponsal de Boston (Berenice, 2006), La chica del calendario (Ediciones de la librería Cálamo, 2008), Lucena sefardita (Fundación José Manuel Lara, 2005); la colección de relatos Carta a Isadora (Ediciones B, 2001); y las novelas América (Seix Barral, 2004), El gran Felton (Seix Barral, 2005), La suite de Manolete (Alianza Editorial, 2009; IX Premio Fundación Unicaja Fernando Quiñones) y Los nadadores (Anagrama, 2012), en la que se centra esta reseña.

 

Los nadadores es un meticuloso y parsimonioso relato sobre el desarraigo existencial de Jonás, un joven fotógrafo que, tras la ruptura de su relación sentimental con Ada, vacía su existencia en una piscina que se encuentra muy alejada de su domicilio, lo que lo obliga a realizar largos trayectos diarios hacia su destino; la disciplina del viaje recurrente y del intenso ejercicio físico redimen a Jonás -aunque solo artificialmente- de una vida sórdida en la que tanto las ambiciones artísticas como el amor se han truncado. Súbitamente, una serie de desapariciones inexplicables -encabezada por la de la madre del protagonista- interrumpen la rutina ascética de Jonás, iniciándose así una peripecia insólita.

 

La construcción de esta novela es, desde luego, tan desconcertante como los acontecimientos que afectan al personaje principal y a los secundarios a lo largo de la segunda parte del relato. Sorprenden, negativamente, ciertas decisiones estructurales y argumentales que la narración refleja. Así, la primera parte -medrosa y estimulante- desarrolla pormenorizadamente los conflictos existenciales de Jonás, apoyándose en atinadas analepsis (flasback); esta primera parte se dilata en exceso, lo que causa que la novela tarde demasiado en avanzar argumentalmente. Una vez que se produce la necesaria inflexión, la novela pierde por completo sus señas de identidad, se transforma en algo inesperado contraviniendo las expectativas del lector; esto, por supuesto, no tendría por qué ser algo negativo; pero en este caso lo es porque la pérdida de la identidad está asociada a un desarrollo narrativo deficiente, plagado de incoherencias, vacíos, sinsentidos, tópicos facilones y, en suma, carente de inspiración artística e, incluso, de rigor ideológico; así pues, esta segunda sección es el reverso depauperado de la primera parte. No obstante, se ha invocado a Kafka para justificar la pertinencia de la segunda parte, lo cual nos parece una auténtica blasfemia.

 

El tratamiento crítico de la prosa de Los nadadores merece especial atención: resulta elogiable que se haya optado por una sintaxis compleja, rica en detalles, ondulaciones y meandros, que dota a la narración de una estimulante complejidad. Es elogiable porque, en la narrativa española del siglo XXI (sobre todo entre los narradores jóvenes), se trata de una elección estilística infrecuente, es decir, extraordinaria. No obstante, hay que señalar que la prosa delata aún un dominio moderado de la sintaxis hipotáctica, por lo que en algunas ocasiones el discurso se encalla, esto es, pierde la fluidez necesaria o adopta la forma de fragmentos que, aunque no son estrictamente agramaticales, sí resultan estilísticamente discutibles; además, abundan las expresiones rimbombantes que, en lugar de aportar profundidad ideológica, vacían el discurso de sentido (verbigracia: "Jonás percibe, en el segundo, el vaho de la maduración parsimoniosa de mixtura afrutada"). En cualquier caso, la prosa de Los nadadores es notable.

 

La novela, en definitiva, adolece de defectos de diseño importantes. Incurre en la incoherencia, como si se hubiesen intentado mezclar registros y materiales a la postre incompatibles, sin remedio alguno.

 

 

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