El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia: publicado el 20-07-2011

Título: El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia

Autor: Patricio Pron

Editorial: Mondadori

Páginas: 199

Precio: 16,95 euros

ISBN: 978-84-397-2363-9

 

 

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de una abundante obra a pesar de su juventud. De su primera etapa literaria en Argentina son los volúmenes de relatos Hombres infames (1999) y El vuelo magnífico de la noche (2002), así como las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001) y, tal vez, Una puta mierda (El cuenco de plata, 2007). Respecto a estas obras —con la excepción, quizás, de la más reciente—, el autor ha declarado en entrevistas que forman parte de un tipo de literatura con el que ya no se siente identificado y del que ha pretendido huir en obras que forman parte de su etapa alemana: El comienzo de la primavera (Literatura Mondadori, 2008), excelente novela con la que Patricio Pron obtuvo el Premio Jaén de Novela y una elogiosa y merecida recepción crítica; El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan, volumen de relatos que, a pesar de su calidad, no cumple con su pretensión de desmantelar las convenciones del género; y, por último, la novela El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, que es motivo de esta reseña.

 

El espíritu… narra la peripecia emocional de un joven escritor argentino que, tras un desnortado periplo por Alemania —un exilio interior propiciado por una fractura de la identidad personal y una crisis del sentimiento patriótico, derruido por la proliferación de hechos atroces—, regresa a Argentina reclamado por la enfermedad de su padre, que permanece inconsciente y debilitado en la habitación de un hospital. A partir del reencuentro con su familia, el joven escritor —cuya memoria ha sido estragada por las drogas que tomó durante el exilio­— inicia una meticulosa tarea de reconstrucción de su pasado individual y del pasado colectivo de Argentina.

 

Indudablemente, nos encontramos ante un relato autobiográfico. Basta indagar en los datos biográficos que el propio autor ha hecho públicos para cerciorarse de ello. No obstante, la forma autobiográfica adoptada no es más que un recurso estratégico que entraña la deslegitimación del género y de todas sus convenciones. Así, la novela desarrolla sutilmente, mediante mecanismos metaliterarios, la idea de que cualquier intento de erigir una verdad autobiográfica está abocado al fracaso, en tanto que el cerebro humano —y, por tanto, su memoria— opera siempre con elementos desfigurados, distorsionados que conforman siempre un tejido ficcional. De ahí que, como ha manifestado Patricio Pron en alguna que otra ocasión, no se pueda conocer realmente a un escritor por mediación de la lectura de su obra.

 

La novela, compuesta por cuatro capítulos y un epílogo, es emotiva e intensa en muchos momentos. Ahora bien, contiene un exasperante escollo: se trata del más extenso de los capítulos, el que recoge los materiales que componen un cuaderno del padre del narrador, en el que éste ha recopilado información muy heterogénea sobre la desaparición del ciudadano de la municipalidad de El Trébol Alberto José Burdisso, y que son el fruto de una pormenorizada investigación. El narrador edita estos textos, pero se limita a ordenarlos y a corregir la puntuación y algunos aspectos gramaticales (aunque algún que otro error ortográfico se le ha escapado). El resultado, pues, son un conjunto de textos con una prosa torpe y embarullada. Obviamente este capítulo, cuya prosa desmañada contrasta con la prosa elegante y fluida del resto de capítulos, enriquece estilísticamente la novela. Pero el lector tendrá que soportar esa prosa inmunda durante demasiado tiempo. Además, la aciaga peripecia de Alberto Burdisso resulta poco interesante, aunque sí que lo son sus efectos, que se harán evidentes en capítulos posteriores, pues esta parte de la novela desempeña una función capital y, por tanto, ilumina todo el texto.

 

Destacan el tono autocrítico y el espíritu combativo de la novela, así como la propia conciencia que tiene el narrador, transmitida al lector, de cómo debe construirse la historia que se está narrando. En este sentido, se apuesta por una forma alejada de las convenciones; y este objetivo, explicitado en el último tercio de la novela, se logra con creces.

 

Ahora bien, a pesar de que El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia es una novela política notable, sincera e intensa, no está a la altura de la profundidad ética y la innovación formal de El comienzo de la primavera, que, hasta el momento, es la obra maestra de su autor.

 

Padres, hijos y primates: publicado el 22-4-2011

Autor: Jon Bilbao

Título: Padres, hijos y primates

Editorial: Salto de Página

Páginas: 176

Precio: 15,95 euros

ISBN: 978-84-15065-06-7

 

Jon Bilbao (Ribadesella, 1972) es uno de los mejores escritores surgidos en el último lustro, si no el mejor. Este estatus se lo han proporcionado las cuatro obras que ha publicado en la editorial madrileña Salto de Página en los últimos cuatro años, las cuales han logrado una excelente recepción crítica: la novela El hermano de las moscas (2008, Premio Xatafi Ciberdark y Finalista del Premio Celsius), los libros de relatos Como una historia de terror (2008, Premio Ojo Crítico de Narrativa) y Bajo el influjo del cometa (2010, XXXII Premio Tigre Juan); y la nouvelle Padres, hijos y primates (2011), que es motivo de esta reseña. Anteriormente a la incursión del autor en Salto de Página, su libro 3 relatos ya había obtenido el Premio Asturias Joven de Narrativa, y una de sus narraciones breves el XXXVI Concurso de Cuentos Ignacio Aldecoa.

 

Padres, hijos y primates es una nouvelle que condensa todas las características y motivos que definen la narrativa de Jon Bilbao: una prosa pulcra, diáfana y precisa, de la que destacan la exactitud léxica y una sintaxis simple y eficiente; la presencia omnipresente de una naturaleza indómita, poderosa, implacable, que acecha a los personajes y los aboca a situaciones límite; la exposición de complejas relaciones familiares o estrictamente amistosas o sentimentales; la revelación, mediante sutiles y sofisticados mecanismos narrativos, de los sentimientos y pulsiones más oscuros del ser humano, convenientemente disfrazados o neutralizados por sus antagonistas; y la irrupción conflictiva en la vida de los personajes protagonistas de animales que, normalmente, entrañan un significado simbólico. Todos estos elementos ya estaban presentes, por ejemplo, en El hermano de las moscas y los relatos Como una historia de terror y Un padre, un hijo, probablemente las tres mejores ficciones del autor.

 

En cuanto al argumento de esta última novela de Jon Bilbao, es el propio de una road movie ambientada en parajes exóticos y hostiles: Joanes, un antaño prometedor ingeniero que termina resignándose a gestionar un tambaleante negocio de aire acondicionado, se traslada a México junto a su mujer, su hija y su dominante y altanero suegro, donde este último ha decidido celebrar su enlace matrimonial con una mujer mucho más joven que él. Los planes del grupo se ven trastocados por la llegada a Cancún de un huracán que activa en la población un plan de emergencia y que, consiguientemente, obliga a evacuar todos los hoteles. A la familia del protagonista se le asigna como destino seguro la ciudad de Valladolid. Pero, debido a unas decisiones de última hora del frustrado ingeniero, el grupo se ve obligado a hacer el viaje por separado: el suegro, la hija y la nieta parten primero; Joanes, al día siguiente. A partir de aquí, comienza para Joanes un accidentado y traumático viaje marcado por las súbitas apariciones de un primate y un antiguo profesor del ingeniero, aún más dominante y manipulador que su propio suegro. Un viaje a la región más oscura y abyecta del ser humano.

 

Como toda buena nouvelle, esta narración mezcla con pericia el desarrollo complejo de la novela con la minuciosidad estructural del relato breve. Brillan especialmente las simetrías de su compleja estructura minimalista, que afectan a elementos muy diversos; simetrías que se producen por analogía o por inversión. Citemos, como ejemplos significativos, la red de relaciones paterno-filiales o las relaciones entre hombres y animales. Todas las simetrías de la obra están al servicio de la construcción de un efecto moral constituido por diferentes haces. Lo cual no quiere decir que esta sea una narración didáctica, pues su trascendencia moral se presenta de forma hermética, codificada en su estructura interna.

 

Debido a la estricta y calculada estructura, algunos comportamientos de los personajes en determinadas ocasiones no quedan suficientemente justificados. Digamos, por ejemplo, que la explicación que se da de por qué un hombre brillante y emprendedor desarrolla un sentimiento de inferioridad como consecuencia de un acto ajeno sin duda trivial no está suficientemente desarrollada. Un mayor desarrollo de este conflicto personal habría dotado, asimismo, de mayor verosimilitud a algunos de los acontecimientos clave de la novela. Pero eso también habría afectado negativamente a la medida estructura de la narración. La decisión no era fácil. Y, probablemente, el autor eligió la mejor de las opciones.

 

Por otra parte, es necesario señalar que los principales conflictos que se producen en la novela dependen de demasiadas coincidencias, que además tienen lugar en un breve periodo de tiempo. Esto sitúa el relato a muy poca distancia de la inverosimilitud, aunque logra sortearla con la ayuda de un lector cómplice.

 

En definitiva, otra excelente ficción de Jon Bilbao, dinámica, desasosegante, oscura, que atrapará irremediablemente a los amantes de la buena intriga y a los especialistas en rompecabezas estructurales.

 

La mujer de Rapallo: publicado el 12-03-2011

Título: La mujer de Rapallo

Autor: Sònia Hernández

Editorial: Ediciones Alfabia

Páginas: 259

Precio: 19 euros

ISBN: 978-84-937943-4-7

 

Sònia Hernández (Terrasa, 1976) ha publicado los libros de poesía La casa del mar (Emboscall, 2006), Los nombres del tiempo (DVD ediciones, 2010); y el libro de relatos Los enfermos erróneos (La otra orilla, 2008). Recientemente, ha sido seleccionada por la revista Granta como uno de los mejores escritores en lengua española menores de treinta y cinco años, distinción esta que ha coincidido con la publicación de la primera novela de la autora: La mujer de Rapallo (Ediciones Alfabia, 2010).

 

La primera incursión de Sònia Hernández en el género literario más difícil es ambiciosa y arriesgada. La novela se aleja de los convencionalismos literarios imperantes y traza un camino singular, una identidad propia que la hace destacar. Su radicalidad es sin duda bienvenida.

 

El relato está constituido por el diario de una mujer de nombre e identidad dudosos, cuyo objetivo es someter a estudio al hombre con el que comparte su vida en una amplia y hermética casa alejada de la civilización; el hombre, al que esta mujer frágil y atribulada apoda Paolo Monzoni, es un médico retirado que, traumatizado por hechos secretos acaecidos en la ciudad italiana de Rapallo (omnipresente en toda la novela), ha decidido retirarse del mundo, enclaustrarse en su propio dolor y, llevado por un implacable sentimiento de culpa, generar una violencia sobre sí mismo que la mujer, su compañera sentimental, se empeña en diseccionar en las páginas del diario.

 

Este argumento, por tanto, da lugar a un relato monotemático, intensamente introspectivo, que la mayor parte del tiempo se muestra elusivo y especulativo. Todo en La mujer de Rapallo es ambivalente e inestable. No hay certezas esclarecedoras. No hay descripciones; no hay apenas diálogos (y los que hay son una reconstrucción literaria da la autora del diario); no hay movimiento externo; no hay escenarios diversos; no hay vida colectiva. La novela está saturada por el lenguaje analítico y glacial de dos voces solitarias y narcisistas, escasamente empáticas, que son víctimas de sus propios fracasos y que se inoculan mutuamente la desconfianza, el rencor y la desesperanza acumulados.

 

La incomunicación, la soledad, la locura, las contradicciones del amor son, pues, temas que se desarrollan en la novela con habilidad y pertinencia, servidos por un lenguaje pulcro, moderadamente retórico, que presenta pocas flaquezas. Paralelamente, la novela acoge una intriga, centrada en la misteriosa ciudad de Rapallo, en la que intervienen unos pocos personajes secundarios. Esta intriga se resuelve en el desenlace de una forma un tanto forzada. La verosimilitud del relato no llega a resquebrajarse, pero sin duda algunos elementos encargados de conferir coherencia al desenlace escogido son discutibles. En cualquier caso, dicho desenlace es suficientemente convincente.

 

En definitiva, un notable ejercicio literario el de Sònia Hernández. Lo mejor de todo: su carácter genuino.

 

Nada es crucial: publicado el 15-02-2011

Autor: Pablo Gutiérrez

Título: Nada es crucial

Editorial: Lengua de Trapo

Páginas: 256

Precio: 18,60 euros

ISBN: 978-84-8381-083-5

 

Pablo Gutiérrez (Huelva, 1978) irrumpió en el panorama literario español en el año 2008 con la nouvelle Rosas, restos de alas (La Fábrica Editorial), cuyo rico, ingenioso e innovador tratamiento literario del lenguaje le valió el reconocimiento de la crítica (aunque, como suele ocurrir con la primera obra de un autor, la de Pablo Gutiérrez no logró una difusión masiva entre este selecto círculo). A pesar de esto último, la breve e intensa Rosas, restos de alas ha sido suficiente para que la revista Granta haya considerado que este escritor onubense merece figurar en su selección de los mejores veinticinco escritores jóvenes en español; consideración que, si tuviésemos en cuenta solamente su ópera prima, podría parecer exagerada, pero que, una vez leída la novela que Pablo Gutiérrez ha publicado tras su mediática nominación, Nada es crucial (Premio Ojo Crítico de Narrativa 2010), resulta incontestable.

 

En Nada es crucial, relato de formación, se narra la infancia y la adolescencia de dos personajes desfavorecidos, Lecu y Magui, a los que la fuerza redentora del amor termina uniendo, como si de un cuento infantil se tratase, tras sufrir por separado innumerables infortunios. Lecu es un desgraciado porque ha crecido en un útero encharcado de heroína, porque sus padres son seres desnortados, porque malvive en un arrabal y, sobre todo, porque termina cayendo en las redes de una pequeña comunidad neocristiana; pero Lecu posee una extraña fuerza interior, la salvaje determinación de los supervivientes. Magui, por su parte, es una desgraciada porque vive en un pueblo anodino, porque su padre se revela como una demoledora mentira, porque no es capaz de gestionar adecuadamente su espíritu rebelde, porque en demasiadas ocasiones no toma las decisiones acertadas; pero Magui posee una infrecuente fuerza interior, la ambición y la perseverancia de los supervivientes.

 

Así pues, esta es una narración realista, incluso podríamos decir que es naturalista, en tanto que los seres que la pueblan están sometidos a leyes deterministas. Ahora bien, el tratamiento literario de la narración no es de estética realista. La estructura, los recursos tipográficos, la singular voz del narrador, su enigmática identidad y, sobre todo, el lenguaje —imaginativo, ingenioso, abstracto, luminoso, imprevisible— son elementos de raigambre vanguardista que, vertidos sobre el tapiz realista, dan lugar a un artefacto híbrido de una verosimilitud e intensidad poética extraordinarias.

 

Con todo, lo mejor de la novela es su distanciamiento irónico, ese sarcasmo corrosivo, ese humor delicado y elegante que entraña, como si del recubrimiento de una píldora se tratase, el cianuro de la tragedia humana. Así, el relato nos inocula, disimuladamente, un veneno de sobras conocido por mediación de los subterfugios de la ironía. Y el resultado es un intenso dolor que, conservando su sabor añejo, parece nuevo e insólito.

 

Quizá la única flaqueza de esta brillante novela sea su desenlace, que, aunque conecta con el planteamiento de la narración, resulta confuso. Una mayor dosis de introspección, asimismo, habría aumentado aún más la calidad del relato.

 

En cualquier caso, la segunda novela de Pablo Gutiérrez es excelente. Sus dos novelas han erigido un mundo ficticio muy coherente, con unos rasgos distintivos muy marcados. Confiemos en que, en futuras obras, la mera repetición de esos rasgos no desemboque en la monotonía.

 

Ilustrado: publicado el 19-01-2011

Título: Ilustrado

Autor: Miguel Syjuco

Editorial: Tusquets Editores

Páginas: 384

Precio: 20 euros

ISBN: 978-84-8383-262-2

 

Ilustrado es la novela con la que debuta el filipino Miguel Syjuco (Manila, 1976). La ópera prima de Syjuco obtuvo el Man Asian Literary Prize y, una vez publicada en el país natal del autor, el Palanca Awards, el galardón más prestigioso de las letras filipinas. La calidad del texto, el reconocimiento patrio y la eficiente labor del agente del autor han propiciado a Ilustrado una meteórica proyección internacional.

 

Es Ilustrado una novela ambiciosa y compleja que presenta la biografía en curso del escritor ficticio Crispin Salvador (el literato más brillante, polémico y controvertido de la literatura filipina); de la compilación, edición y redacción de los diversos materiales discursivos de los que está compuesta esta biografía se encarga el personaje Miguel Syjuco, que comparte nombre y numerosos datos biográficos con el autor de la novela (a la que podríamos tildar, por tanto, de autoficticia si realmente suscribiésemos los postulados teóricos de la autoficción). El desencadenante de la creación de la biografía es la repentina y turbulenta muerte de Crispin, cuyas causas no han podido ser esclarecidas; una muerte que deja en paradero desconocido la novela póstuma del autor, la que habría de convertirse en su obra maestra y habría de reconciliarlo con su patria y exorcizar sus demonios. Así pues, la novela recorre la vida y la obra del escritor y, al mismo tiempo, los acontecimientos más relevantes de la historia moderna de Filipinas (la ocupación japonesa y estadounidense, la dictadura de Marcos, etc.); y, como la biografía que prepara Miguel Syjuco se construye ‘sobre la marcha’, la novela también recorre, en un discurso paralelo, la vida de éste, la de su pasado (marcado por la trágica muerte de sus padres, la convivencia con sus abuelos y hermanos y algunas relaciones sentimentales fallidas) y la de su presente, centrada en su regreso a Manila, donde inicia una pseudoinvestigación detectivesca para dar con el paradero del manuscrito perdido de Crispin Salvador y, asimismo, resolver las incógnitas que rodean su muerte. Como se ha podido comprobar, el argumento es harto complejo.

 

No lo es menos la estructura escogida, fragmentaria y caleidoscópica; se asemeja a un abigarrado collage cuyos elementos, heterogéneos, han sido pertinentemente cohesionados. Esta argamasa está compuesta por un prólogo y un epílogo que enmarcan el relato, las narraciones en primera persona de las peripecias del personaje Syjuco (tanto las de su presente incierto como las de su pasado aciago), fragmentos en las que estas mismas peripecias son narradas desde una perspectiva diferente por una voz omnisciente, las narraciones que rememoran o muestran momentos cruciales de la historia de Filipinas, fragmentos sobre la biografía en curso de Crispin Salvador, las narraciones que rememoran su infancia, adolescencia y su posterior trayectoria profesional, fragmentos de varias obras escritas por Crispin, correspondencia electrónica, conversaciones en chats y fragmentos que se erigen en chistes que muestran las peculiaridades del humor filipino.

 

Como suele ocurrirle en ocasiones a las novelas que optan por la complejidad estructural, la ópera prima de Syjuco, a pesar de su innegable calidad, no consigue salir del todo ilesa de la exigente prueba a la que la somete su propia ambición. Así, este rompecabezas formal construido con materiales tan diversos (algunos de los cuales poseen una alta calidad literaria) no es, en el aspecto discursivo, todo lo eficiente que debería, aunque resulta indudable que se trata de un tapiz de gran atractivo, de gran impacto estético, lo cual atenúa sus pequeños desajustes. El principal problema reside en que, al tratarse de un discurso formado por narraciones que gozan de cierta independencia (tanto estilística como temática), se producen altibajos muy pronunciados en el ritmo narrativo, así como en la capacidad de cada fragmento para captar y modular la atención del lector; en otras palabras: la lectura de Ilustrado proporciona momentos álgidos, de gran intensidad literaria, y momentos aburridos y anodinos en los que el lector está a punto de desfallecer. Afortunadamente, la novela siempre logra alzar el vuelo poco antes de impactar contra el fondo del abismo. De todos modos, esta mácula se ve ensombrecida por las numerosas virtudes de la novela, entre las cuales destacan la calidad de su prosa —minuciosa, precisa e imaginativa—, la enorme variedad de registros lingüísticos, su atinada diversidad estilística, su corrosiva ironía y, sobre todo, su enorme capacidad para sintetizar una imagen personal y genuina de la sociedad y el espíritu filipinos, así como del destino irrevocable de cualquier escritor de verdadero talento. Al final, la novela —que, como ya hemos señalado, peca de excesivas cabriolas formales— decide rizar el rizo e inscribir en su coda (pero proyectándose ya por todo el discurso) el tema clásico del doble. La relevancia de esta última inscripción no será captada por todos los lectores.

 

En definitiva, excelente debut el de Miguel Syjuco: innovador, profundo y exigente.

 

Burocracia: publicado el 11-11-2010

Título: Burocracia

Autor: Santiago Ambao

Editorial: Gadir

Páginas: 293

Precio: 15 euros

ISBN: 978-84-96974-50-0

Santiago Ambao (Banfield, 1975) obtuvo el Accésit del IV Premio de Narrativa Caja Madrid en 2006 por La peste peor (Literaturas.com Libros, 2007); la decisión del Jurado, que declaró desierto el Primer Premio, privó al autor de un importante contrato de edición con la editorial Lengua de Trapo que sin duda merecía. Afortunadamente para sus futuros lectores, Ambao ganó en 2009 el Premio Joven de Narrativa convocado por la Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid con su novela Burocracia, que la editorial madrileña Gadir ha publicado en octubre de 2010 en una exquisita edición.

 

Burocracia es, sin duda, una novela que merece una atenta y rigurosa recepción crítica y, por descontado, un buen número de lectores, pues reúne valiosas cualidades literarias que, evidentemente, no han pasado desapercibidas al prestigioso Jurado que la ha premiado.

 

La novela narra las pesquisas detectivescas y los devaneos existenciales de un funcionario desencantado y eficiente subsumido en un sofisticado pero incongruente entramado burocrático que se cierne opresivamente sobre una sociedad tremendamente degradada. Aunque en ningún momento se nombra la urbe en la que transcurren los hechos de esta distopía, podríamos deducir, por los modos lingüísticos de los personajes, que ésta es un trasunto desfigurado de una ciudad argentina, si bien podría serlo de cualquier ciudad industrializada de nuestro envilecido tiempo. Así, la ciudad sin nombre posee una condición arquetípica. Este estado desubicado en el tiempo y el espacio es muy diferente a los que están instalados en nuestra realidad y, al mismo tiempo, idéntico. En esta paradoja reside uno de los méritos de la novela. Ambao ha recopilado los heterogéneos elementos de los que están compuestas las sociedades modernas y, a continuación, los ha desfigurado y mezclado hasta lograr una estructura ficticia pero posible que nos resulta tan familiar como extraña; un tejido social en el que reconocemos de inmediato las miserias del ser humano y la perfidia y tiranía de sus engendros. Evidentemente, esta cruda representación de la sociedad burocratizada y corrupta entraña una implacable crítica; una crítica que, al emanar de la propia representación (en lugar de provenir de un discurso explícito de talante aleccionador), resulta muy efectiva.

 

En torno al eje central de la representación de la sociedad burocratizada, brillan otros elementos que otorgan complejidad y profundidad a la novela: en primer lugar, las reflexiones existenciales y metafísicas del protagonista, que se revela como un individuo que, aunque se ha dejado arrastrar por la inercia del entramado burocrático, conserva un hálito de rebeldía y, sobre todo, la determinación para sobreponerse a sus propias debilidades; Isidro, en suma, es un personaje complejo muy bien trazado que transmite al lector algo de ese spleen de los individuos decadentistas; en segundo lugar, es excelente el tratamiento de los personajes secundarios: los funcionarios, los Vanguardistas, la servicial camarera y, sobre todo, la fascinante niña-mujer, la cual protagoniza, junto a Isidro, algunas de las mejores escenas de la novela; en tercer lugar, destacan los ingredientes metaliterarios, hasta el punto de que el secreto de los portales, la poética literaria que exponen varios personajes de la novela y la propia composición formal de ésta están entrelazados. Así pues, Burocracia termina adscribiéndose a la poética literaria que sutilmente defiende en el interior de sus páginas.

 

Como leve objeción apuntaremos que, en ocasiones, la novela explica directa y rápidamente lo que habría de haber mostrado con morosidad y sutileza, sobre todo en lo referente al funcionamiento de la sociedad representada. Esta opción, por supuesto, habría dado lugar a un texto más complejo y, por consiguiente, más difícil de ejecutar. Esa es la única sensación negativa que transmite Burocracia: la de una ambición limitada.

 

En resumidas cuentas, la segunda novela de Santiago Ambao es un texto profundo, innovador, muy bien escrito, que posee la infrecuente capacidad de atrapar a cualquier tipo de lector mediante sus mecanismos de intriga sin renunciar a la calidad literaria.

 

Marcos Montes: publicado el 25-10-2010

Título: Marcos Montes

Autor: David Monteagudo

Editorial: Acantilado

Páginas: 128

Precio: 12,90 euros

ISBN: 978-84-92649-66-2

David Monteagudo (Viveiro, 1962) irrumpió en el panorama literario en 2009 con la notable Fin, una novela inquietante que, a pesar de la previsibilidad de su desenlace, mostraba las cualidades propias de un escritor de verdadero talento que, sorprendentemente, trabajaba en una fábrica y carecía de una formación académica superior. Así, el éxito clamoroso de Fin supuso la redención de un individuo de elevada capacidad intelectual que, tras permanecer durante años enclaustrado en un entorno laboral que no le correspondía, decidió entregarse a su vocación literaria y embarcarse en un perseverante y disciplinado proceso de autoaprendizaje que, ocho años después, fructificó en varias obras literarias que, cómo no, fueron rechazadas por casi todas las agencias y editoriales de este país, hasta que finalmente el olfato literario de Jaume Vallcorba, director de la editorial Acantilado, resolvió el conflicto de la forma más justa.

 

Un año después, avalado por la crítica y por numerosísimos lectores, David Monteagudo nos presenta su nueva novela, Marcos Montes, la que habría de consolidarlo como una de las referencias literarias más sólidas de la nueva narrativa española. Se trata de una novela breve que desarrolla la peripecia de un minero solitario y cabal que, tras el derrumbamiento de una de las secciones de la mina en la que trabaja, intenta escapar del intrincado atolladero subterráneo junto a un grupo de compañeros supervivientes. Las relaciones entre los supervivientes –y las reacciones de cada uno de ellos ante una situación límite-, las reflexiones del protagonista, la exposición de varias cuestiones éticas y un fenómeno fantástico son los pilares del relato.

 

Sin lugar a dudas, Marcos Montes (novela que, según el autor, es anterior a Fin) ha visto la luz en un momento muy apropiado (aún titilan en nuestras retinas las imágenes de los primeros mineros chilenos rescatados de su cautiverio a setecientos metros de profundidad). Pero, digámoslo ya, esta segunda novela de David Monteagudo es, desafortunadamente, una obra fallida. Son varias las razones que sostienen este juicio categórico:

 

En primer lugar, muchas de las reflexiones que el protagonista realiza a lo largo del relato, presentadas en estilo directo, resultan inverosímiles y, por tanto, especialmente irritantes para el lector avezado. Habría sido conveniente recurrir al estilo indirecto libre para referir todas esas reflexiones.

 

En segundo lugar, la narración no termina de decidirse por los tiempos verbales de pasado o los de presente. Hay una alternancia constante entre las dos modalidades temporales que afecta a diferentes partes de la narración e, incluso, a diferentes partes de una misma secuencia dialogada (por ejemplo, la de la página 27). Cuesta creer que un escritor que demuestra desde el comienzo del relato un notable dominio del lenguaje cometa errores tan graves. Por tanto, se podría deducir que esta alternancia de tiempos verbales es premeditada y que, por consiguiente, cumple una función importante en el relato. Mas no hay modo alguno de inferir esa supuesta función; en otras palabras, la diversidad de tiempos verbales no aporta nada a la estructura de la narración, no produce ningún efecto beneficioso; antes bien, desconcierta y molesta al lector. Así pues, se tendría que haber optado por una narración homogénea en este sentido, referida en presente o en pasado.

 

En tercer lugar, el extenso diálogo que constituye la tercera parte de la novela es también inverosímil, en tanto que aflora bruscamente como un mero artificio al que el autor implícito recurre para exponer, de manera muy pedagógica, sus tesis acerca de varias cuestiones éticas.

 

En cuarto lugar, el final del relato emula el efecto fantástico de una archifamosa e incoherente película; y, aunque en Marcos Montes está mejor resuelto que en ésta (si bien no tanto como en el también famoso largometraje de un director español), dicho efecto es, a estas alturas, demasiado convencional. Los lectores-espectadores posmodernos nos lo sabemos de memoria. Así pues, el desenlace de la historia resulta previsible y anodino.

 

En último lugar, toda la narración es demasiado explícita, demasiado pedagógica, demasiado aleccionadora incluso; y, además, está plagada de tópicos y estereotipos, como si pretendiese dirigirse a colegiales que aún no se encuentran capacitados para acceder a la alta literatura.

 

En definitiva, leer Marcos Montes es como asomarse a la obra de un autor novato -instalado en los inicios de su aprendizaje literario- que, a pesar de su comprensible impericia técnica, deja entrever un indudable talento que nos provoca la certeza de que, en el futuro, terminará escribiendo una obra de alta calidad literaria. El problema, en este caso, es que esa obra futura ya la hemos leído.

 

Confiamos en que, en su tercera incursión, David Monteagudo nos brinde una de sus obras de madurez, una que, como mínimo, esté a la altura de Fin; si no es así, esperamos al menos que reescriba sus textos más antiguos.

 

La luz es más antigua que el amor: publicado el 15-10-2010

Título: La luz es más antigua que el amor

Autor: Ricardo Menéndez Salmón

Editorial: Seix Barral

Páginas: 174

Precio: 17,50 euros

ISBN: 978-84-322-1295-6

Sigo la obra de Ricardo Menéndez Salmón desde que la editorial Seix Barral le proporcionó, al apostar en 2007 por La ofensa (la primera de las novelas cortas de la denominada Trilogía del mal), la enorme visibilidad que sin duda merecía. De sus últimas cuatro novelas, que comparten poética, recursos estilísticos y temáticas, las mejores, las más logradas, impactantes y profundas me parecen Derrumbe (2008) y la que es motivo de esta reseña: La luz es más antigua que el amor (2010).

 

Desde luego, resulta muy complicado reseñar una novela como La luz (de ahí que asuma el reto), en tanto que se trata de una obra nada convencional cuya estructura, en primera instancia, desconcierta. Lo hace, en primer lugar, porque el argumento es inaprensible: cuatro aproximaciones sincrónicas a las vidas de tres pintores (Mark Rothko, Adriano de Robertis y Vsévolod Semiasin, los dos últimos ficticios) y del escritor ficticio Bocanegra que, aparentemente, no están conectadas entre sí. En segundo lugar, porque apuesta por una disposición asimétrica de la trama, lo que dificulta la lectura, entorpece la memoria y, en suma, enturbia el significado. En tercer lugar, porque es un artefacto híbrido en el que el componente ensayístico, formado por contenidos muy abstractos, tiene más peso que el meramente narrativo.

 

Así pues, la estructura superficial desconcierta e, incluso, puede llegar a provocar una lacerante insatisfacción si no acertamos, como lectores aviesos y perseverantes, a adentrarnos en su estructura profunda, donde encontraremos diseminados una serie de elementos de diversa índole que vinculan las cuatro narraciones independientes tejiendo una densa red de relaciones. Veamos algunos de dichos elementos: la sentencia La luz es más antigua que el amor, que encierra una hermosa reflexión que se replica con pequeñas variaciones en las narraciones de la vida de los artistas; la esencia del arte; la soledad del artista y la búsqueda de su propia identidad; la inevitable y abominable relación del artista con varias formas de poder; los diferentes modos de censura y coacción que el poder, siempre sibilino y abyecto, ejerce sobre el artista para controlarlo y ratificar así una superioridad que le sirve de sustento; la capacidad de redención del arte y el amor (motivos que ya estaban presentes en El corrector); y, cómo no, la omnímoda presencia del mal en este mundo provisorio atravesado por una luz sin origen ni destino; el mal, el gran tema que vertebra toda la obra de Ricardo Menéndez Salmón. Por descontado, hay más elementos, la mayoría de ellos de una refinada sutileza, que el lector meticuloso detectará y saboreará a lo largo de su peregrinaje. Por tanto, la que a primera vista parece una estructura deslavazada e ineficaz pronto se revela como un tejido perfectamente cohesionado, sin fisuras, que proyecta una mirada nihilista de la existencia humana.

 

Lo que de ningún modo desconcierta es el lenguaje, de nuevo magnífico. Es sorprendente que un lenguaje que se ha despojado de adornos y aditamentos, en todo momento ajustado y preciso, resulte tan expresivo. Ese expresionismo imaginativo y contundente es una de las señas de identidad del estilo del autor, aunque en esta novela no brille tanto como en Derrumbe, probablemente porque la materia abstracta de La luz requería una prosa más moderada, más serena, más argumentativa.

 

En conclusión, La luz es una novela excelente, repleta de escenas y reflexiones memorables (inolvidable resulta el encuentro entre Vsévolod Semiasin —el devorador de lienzos­— y Stalin) que confirma a Ricardo Menéndez Salmón como uno de los escritores más exigentes, ambiciosos y coherentes del momento.

 

Últimas lecturas: publicado el 27-09-2010

1. Sudeste

 

Esta es una novela atípica y marginal; y en eso, precisamente, reside su encanto. Ideal para lectores que gusten de una vida contemplativa salpicada de pequeños sobresaltos. La comunión entre hombre y naturaleza es una de sus claves. Un libro brillante que no defraudará a los lectores más exigentes y que, quizá, aburrirá a los impacientes. A mí me ha gustado mucho. Estaría bien perderse en el mar con una barca. No lo descarto.

2. Bajo el influjo del cometa

 

Otra magnífica recopilación de relatos de Jon Bilbao. Relatos inquietantes, de gran pulcritud formal, que exploran con sutileza los recovecos más oscuros y repulsivos del ser humano. Me gustó más su anterior libro de relatos: Como una historia de terror. En ambos volúmenes, los relatos más extensos son los mejores. Del primero, mi preferido es Como una historia de terror; del segundo, Un padre, un hijo.

3. El comienzo de la primavera

 

Esta novela ha sido el descubrimiento del año. Un relato que revela con inusitada fuerza poética la intrahistoria más salvaje e inmoral de Alemania. Su arriesgada e innovadora composición formal es la imagen especular de su contenido filosófico. Una novela magistral para lectores sibaritas.

4. El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan

 

Un excelente libro de relatos de Patricio Pron. Reúne todas las cualidades de su novela anterior.

 

 

5. El hombre es un gran faisán en el mundo

 

Uno de los primeros libros publicados en España de la última mujer que ha recibido el Premio Nobel. Se trata de una novela corta muy interesante; seca, dura, elusiva y abstracta, te deja algo desconcertado. Me ha gustado. Pero no ha llegado a fascinarme. Intentaré leer, en el futuro, alguna de las novelas más densas de la autora. Supongo que entonces asistiré a un salto cualitativo.

6. Tiempo de vida

 

Un libro autobiográfico (en el sentido más estricto del término) sobre la muerte del padre. Un relato conmovedor, tierno y escalofriante al mismo tiempo, tras cuya lectura el mundo que nos rodea se presenta con nuevas facciones. Excelente reconstrucción de un tiempo de vida que vence así el olvido y la muerte.

7. Los detectives salvajes

 

Roberto Bolaño era una de mis asignaturas pendientes. Por fin me he decidido a leerlo (no tiene explicación que no lo haya hecho antes). Indudablemente, esta novela polifónica es una obra maestra. Enumerar sus virtudes excedería el espacio reservado a este comentario. Pongo en duda que, como señala la crítica, 2666 sea la mejor novela de Bolaño. En cuanto termine de leer sus más de mil páginas (a saber cuándo, pues se me están cruzando otras lecturas), daré mi veredicto.

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